terça-feira, novembro 16, 2010

POR DIOS Y POR OTROS....

Por Dios y por alguien

Agradar a Dios y beneficiar a quienes te rodean debe ser tu motivación para luchar.



David ganó la batalla con las mismas palabras de temor que Goliat utilizó durante cuarenta días para infundir miedo en el pueblo de Israel. La victoria depende de nuestra fe, tenacidad y la percepción que tengamos del enemigo.  Muchas veces somos como ese ejército que se dejó engañar por las mentiras del gigante, percibimos equivocadamente la dimensión del problema  y nos dejamos vencer sin luchar. Aprende a percibir y concluir algo desde la perspectiva de la fe que te ha dado el Señor, de esa forma, no te rendirás.
El diablo dice tantas veces: “te destruiré” porque quiere convencerte, pero realmente no puede hacerlo. Si pudiera, actuaría y no diría nada. El fracaso y la enfermedad te atacan porque te dejas convencer, por el contrario, si tienes la certeza de que eres un vencedor, ningún gigante tendrá poder sobre ti.   Cuando te sientas atacado por un mal pensamiento, lucha contra él, convencido de que lo negativo no sucederá.  Al enemigo no se le vence con piedras o ejércitos, sino con palabras y pensamientos de victoria.  David escuchaba las amenazas de Goliat y se las devolvía tres veces más fuertes.  Atrévete a  amenazar al enemigo  y verás que Dios es quien gana la batalla por ti.
Lo que escuchamos y vemos cambia nuestra percepción de la realidad, influencia lo que decidimos, decimos y hacemos.  Ante una misma situación, unos deciden ver fracaso y otros, oportunidades. Tú decides lo que ves, no decidas ver lo malo y retroceder, atrévete a ver las promesas y avanzar.  Bendito Dios que está con nosotros y nos permite  hacerlo.
David escuchó las recompensas que recibiría aquel que venciera al gigante (1 Samuel  17: 25-27). Sin embargo, no se sintió motivado a luchar por las riquezas  o por la hija del rey porque ambas cosas podía lograrla él mismo. Lo que realmente le motivó fue el beneficio que podía dar a su padre al lograr que le exoneraran los impuestos.
 Quienes desean algo por beneficio propio, difícilmente lo logran, pero quienes desean beneficiar a otros, alcanzan el éxito.  Hacer algo solamente por ti, no es suficiente motivación. Por el contrario, las fuerzas nunca se agotan cuando el deseo de actuar se sustenta en el amor a Dios y el beneficio de muchos.
Cuando el pueblo de Israel peleó contra los madianitas, su grito de guerra fue: “Por Jehová y por Gedeón”. Lucharon pensando en la victoria para Dios y para su líder. Actúa siempre pensando en las personas que se beneficiarán con tu buen proceder. Aprende a  vivir honrando a Dios y a otros.  No finjas espiritualidad diciendo que vives sólo para Dios porque Él te pide que lo demuestres entregándote a prójimo.  Jesús decía: “Por amor a vosotros me santifico”.
Pablo le dijo a Timoteo: “Aviva el don de Dios que está en ti que te fue dado por la imposición de mis manos. No te avergüences de Jesús ni de mí”.  Con estas palabras le recordaba que él le había dado lo que tenía en su interior y debía compartirlo.  Siempre busca hacer las cosas por Dios y por alguien más.  Solamente el amor compartido es capaz de dar frutos que beneficien a muchos.

Abrazos del Misionario a todos,PAZ

sábado, novembro 13, 2010

EL PODER DE LA SEMILLA(SEMENTE).

Recoge tu cosecha

Honra a Dios al sembrar y cosechar porque Él es quien te provee de la semilla y además te dará recompensa cuando recojas el fruto de tu esfuerzo.


ABRAZOS A TODOS,PAZ.

sexta-feira, novembro 05, 2010

EL PODER DE LA PALABRA VIVA

Su palabra, mi palabra

Obedece al Señor para desatar la cadena de bendición que Él ha preparado. Tu palabra debe ser una con Su palabra.

Obedece al Señor para desatar la cadena de bendición que Él ha preparado. Tu palabra debe ser una con Su palabra y la de tus pastores.

En 1Reyes 17:1-16 encontramos la historia de Elías quien había recibido del Señor el poder para que lloviera cuando él lo dijera. Este profeta obedeció cuando recibió la orden de ir al  arroyo y quedarse allí donde los cuervos le llevaban pan y carne. Luego de algunos días, Dios le ordenó que fuera a Sarepta donde encontraría a una mujer viuda que lo sustentaría. Elías llegó y le pidió que le diera de comer pero la viuda le dijo que solamente tenía un poco de harina y aceite para ella y su hijo quienes comerían y luego se dejarían morir.  Entonces, Elías le dijo que no tuviera miedo porque nada le faltaría y así fue.

Las palabras son poderosas. Esta historia habla de un proceso de obediencia que Elías inició. En el ambiente hay muchas palabras, las tuyas, las del mundo, las de Dios y las de quienes te rodean y te hacen bien, como tus Pastores. En esta historia se cumplieron tres palabras. Las de Dios porque la harina y el aceite abundaron, se cumplieron las de Elías porque dejó de llover y luego llovió de nuevo. Además, las palabras de muerte de la viuda también se cumplieron porque luego podemos leer en 1 Reyes 17:17-20  que su hijo enfermó y murió.

Nuestra palabra debe ser de bien y no de maldición.  La viuda realmente creía que iban a morir a pesar de ser testigo de las maravillas de Dios que le abundó el alimento.  Hay mucho a tu alrededor que muere por tu palabra, así que tu boca de hablar bendiciones. Escucha prédicas de día y de noche, ponlas en práctica para que la Palabra del Señor y la tuya sean una y ya no se cumpla todo el mal que has hablado. Profetiza tu futuro de éxito porque nada te faltará si Dios está contigo.

No faltes un solo domingo a la iglesia para que el Señor renueve tus fuerzas y ponga palabras de bien en tu boca.  Tus Pastores tienen Palabra para ti. No la desperdicies ya que debe estar alineada con la que recibes del Señor y la tuya. Las tres son poderosas y desatan bendición, deben ser una porque en esa unidad verás el poder de Dios fluyendo en tu vida.

Desencadenar la obediencia de la Palabra

Si Elías no obedece, todos pierden la bendición de servir a Dios. El cielo, los cuervos, la viuda, incluso la harina y el aceite ya tenían sus órdenes. Cuando obedeces, desatas la obediencia de otras personas.   La palabra “ordenar” en el originar significa “cargar” como una pistola que está lista para disparar. La obediencia es un detonante que desencadena la bendición a través de otros a quienes Dios ya ha ordenado que te ayuden.

La cadena es escuchar Palabra y  proclamarla con tu boca, obedecer al Señor y provocar la respuesta de aquellos que ya están listos para darte cosecha de lo sembraste. Corrige tu forma de hablar y obedece para que la cadena que active y las bendiciones se derramen sobre todos.  Nadie es bendecido por sí mismo sino a través de otros. Ya verás que cuando inicies la cadena, te sorprenderás de las inesperadas bendiciones que vienen. Cuando llegues a una agencia a ver un carro nuevo, el vendedor te dirá: “Justo en este momento tenemos un descuento especial”. Tal vez él mismo no comprenda y piense: “¿Por qué se lo dije a este cliente y no al anterior?” Y es porque Dios abre las puertas de los cielos para ti.

Prepara tu corazón y obedece al Señor en todo lo que te has propuesto o la cadena de bendición no se activará. Dile a Dios que le obedecerás, darás pasos de fe y lograrás desencadenar las bendiciones que Sus manos han preparado para ti. Dale gracias por Su Palabra y la de tus Pastores  que desde ahora serán las tuyas, llenas de optimismo y fe en el futuro.

 Abrazos del Misionero,PAZ